Primeras líneas de Háblame Luna

Sus ojos se humedecieron de repente al escuchar la noticia. Su instinto la llevó a cerrar con un portazo. Allí lo dejó, con la palabra en la boca. Recorrió el pasillo a toda prisa sin saber muy bien hacia dónde dirigir sus pasos. En el fondo, a quién le importaba su avanzar errático. Pese a la mirada emborronada que la empujaba a dar bandazos, su única premisa era huir de aquel lugar. El taconeo apresurado le martilleó el cerebro mientras trazaba mentalmente el camino hacia las escaleras.

Alcanzó la calle en cuestión de segundos. En la vida había bajado unos peldaños tan rápido. Lo hizo sin ser consciente del riesgo propio de su premura. Reinaba en ella el caos absoluto, un desconcierto que no acertaba a comprender y que desgobernaba sus sentidos.


SIPNOSIS

La gran ciudad acoge acoge la historia de Alan y Luna, cuyas vidas anónimas se entrelazan y distancian en medio de la ignorancia de sus protagonistas, y donde un libro extraviado se convierte en el lazo que ata y desata todos sus vínculos.

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lunes, 6 de octubre de 2014

Cómo surgió...

   Tal vez fuera allá por los 90, no recuerdo exactamente, cuando Háblame Luna se convirtió en un embrión de lo que es hoy. 
   Recuerdo las cabriolas de inspiración, el paladear cada palabra escrita y su borrón y cuenta nueva. 
   Con toda la sensibilidad de la que fui capaz la fui moldeando, sin prisa, sin pretensiones, no buscaba otra satisfacción que no fuera la mía propia, consciente de que no podría compartirla.
   Me guardo en la mochila tardes enteras danzando con las ideas, largas noches de insomnio frente a la pantalla, incontables dolores de cabeza y horas de manta y auriculares inmerso en el mundo de Luna, Alan, Sue, Víctor, Cris... en las que disfruté dándoles vida, una vida que en ocasiones se desmadejaba, pero que siempre pretendía revelarse contra su suerte.
   Cualquiera de los personajes de la novela habría vendido su alma con tal de experimentar un solo aliento más allá del papel virtual. Al publicar Háblame Luna sus historias adquieren el protagonismo que reclamaban y consigo al fin reconciliarme con ellos; aparco mi egoismo y dejo que vuelen como el ave deja volar a sus crías, empujándoles hacia la eternidad y permitiendo que lleguen lejos, tanto como les permita la imaginación del lector. Es aquí cuando adquieren su verdadera dimensión.

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